Crónica de 30 años del Certamen Coreográfico de Madrid, por Mar Eguiluz

Por Mar Eguiluz, regidora del Certamen desde hace 30 años. Fotos: JC Álamo. 

Me preguntan qué significa para mí la danza y la contestación no sale de mi cerebro, brota directamente de lo más profundo en un mensaje claro. Sin duda, es mi primer lenguaje, el idioma que durante muchos años hablé de forma natural, aprendiendo variantes, exprimiendo consonantes en forma de pasos distintos y vocales con alas de saltos. En un momento dado, un golpe en el corazón me dejó muda y decidí que los que pudieran, interpretaran mis emociones, mis anhelos y mis historias y yo pasé a ser una sombra para hacer brillar a los demás.

El traje mágico mezcla de guerrero y Ninja me lo regalaron Margaret y Laura un día hace ya 30 años en los que pronunciaron una frase que me cambió la vida –”Mar, queremos hacer un certamen coreográfico y necesitamos alguien en el escenario, ¿tú nos ayudarías?”- y yo, que ya bailaba y muerta de curiosidad por hacer algo nuevo, me monté en ese tren que pasaba a toda velocidad.

Más tarde, uno de los coreógrafos participantes quiso que formara parte de una pieza, pero yo ya había deshojado la margarita y el sí se lo llevó esa profesión que aún no sabía ni nombrar.

Corrían los años 80 y allí me fui, a la mítica Sala Olimpia. Mis piernas largas se enredaban un poco torpes entre las torres de calle y los cables de micro,  y no existían los intercom ni los telones motorizados ni los móviles ni soñábamos con Internet.

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Sala Olimpia

Durante unos años jugué a dos bandas, bailando y rigiendo hasta que aún sin empezar la treintena me convertí en la sombra del escenario y una de las pocas mujeres técnicos de España.

En estos años he regido cientos de espectáculos y eventos, óperas, teatro, deportes… He inaugurado puentes y dado la bienvenida al nuevo milenio, celebrado las 7 maravillas del Mundo y  coordinado equipos multitudinarios… Pero mi cita con el Certamen es sagrada, un espacio en el tiempo en el que la danza contemporánea me renueva el alma y me vuelve a mi principio. Solo he faltado a dos, uno en el que el día antes me puse gravemente enferma y en el que en el hospital tuvieron que aguantar mi preocupación, no por mi salud sino porque todo saliera bien en el Certamen, y otro en el que fui secuestrada por la Expo de Sevilla sin posibilidad de escapatoria.

Recuerdo la sala Olimpia poseída por el Certamen, la cola para las entradas daba la vuelta a la plaza y el ambiente era efervescente y excitante. La danza contemporánea era la vanguardia en unos años de vanguardia y Madrid era una ciudad abierta sedienta de experiencias.

La vida ha ido pasando y poco a poco se va saliendo de ese letargo en el que se sumió la cultura y Laura, incansable, ha conseguido mantener el barco a flote a pesar de la ausencia de agua (dígase dinero o ayudas ) que ha acontecido. Su tenacidad y fe en lo que hace es inquebrantable y ha sido un ejemplo para mi todos estos años.

No sé cuantos Certámenes me quedan… Sólo espero que un día, desde el patio de butacas y ya viejecita, pueda celebrar los 50 años… Sólo quedan 20.

 

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De izquierda a derecha: Laura Kumin, Margaret Jova y Mar Eguiluz

 

 

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