Natalia Fernandes: ‘Lingua’ – Por Nuria Ruiz de Viñaspre

Antropofagia o la búsqueda de la lengua
Título: Lingua
Coreografía: Natalia Fernandes
Intérpretes: Isabel Rossi y Fran Martínez
Música: Gyorgy Ligeti y Frank Sinatra
Si hay algo que caracteriza a la coreógrafa brasileña Natalia Fernandes es la fascinación que siente por la arquitectura del cuerpo, el misterio de su anatomía, por cómo ese entramado de nervios, tendones, músculo y carne, se llega a comunicar con el otro cuerpo. El de los sentidos. Pero también es característico de la coreógrafa la inclinación hacia el vértigo y el riesgo. Recordemos su acertadísima Anatomía y estrategia, donde la consigna era la experimentación. El pasado 13 de diciembre, en el marco del 33 Certamen Coreográfico de la Comunidad de Madrid, celebrado en el Teatro de Conde Duque, se transitó por un sendero muy bien trazado por Fernandes con Lingua, que se alzó, por cierto, con el Premio de la Crítica. Un sendero cuyo kilómetro 0 fue la sencillez y la búsqueda de uno mismo a través de un “otro”. Ya el húmedo título de Lingua, tan polisémico, por cierto -en el que desarrolla la longitud que tiene la lengua como músculo, pero también como idioma-, y el vestuario, formado por un perfecto intercambio cromático, proponía un mundo de contrarios bajo una luz exacta. El no-roce de los bailarines en busca del roce o el giro al que invitaba la coreógrafa con la ajustada elección de las piezas musicales fue otro acierto. Interesante transición musical que fue del Diálogo
de Ligeti a aquel Extraños en la noche de Sinatra. Revolución musical que, a pesar de la presión y la torsión de la pieza, de comerse la lengua para ser el idioma del otro, produjo gratas píldoras de felicidad. Diálogo nada gratuito donde dos bailarines sin lengua hablan con la punta de la lengua del otro. Y es que Lingua es el diálogo trasversal. El diálogo de todas las lenguas. La lengua diagonal que muerde. Una lengua que va del mutismo a la palabra a través del olfato, el olor, el no-tacto y el sabor sin lengua. Así, la coreógrafa ofreció desde el primer minuto romper la danza con la no-danza para crearla a través de la lengua del otro. La desdanzan vista desde el origen, la danza de los sentidos.
La afinidad desafinada de los bailarines Fran Martínez e Isabel Rossio, muy bien dirigidos, consiguió que parecieran los nuevos ciegos de este mundo. Formaban el cuerpo del lenguaje primero, lo salvaje del idioma, pero también de la lengua que no habla, la lengua tragada. La ultradanza debajo de la lengua, como si fuera ese ansiolítico que adormece la lengua. Una danza a cartabón para llegar a la liberación de la saliva al salirse los bailarines de los márgenes.
Fernandes planteaba la poética del cuerpo despoetizado, el hambre con el que vivimos el hoy. Antropofagia donde el éxtasis era devorar el paraíso del otro a través de la lengua más feroz. Movimientos alterados que, tras la reformulación de ese diálogo ligetiano traía la polifonía de Sinatra. Baile caníbal para ahogar el grito en el Nuevo Mundo. Un gritar con la lengua en el esófago el otro “diálogo” de Sinatra cuando decía: “Extraños en la noche / Dos personas
solitarias…”
Una correspondencia de conjuntos invertidos aquel Ligeti-Sinatra. La no-norma. Cuerpos desaforados como resistencia a la palabra no dicha. Como ya dijo Ligeti en su Diálogo: “Esta composición es un diálogo porque es como dos personas, un hombre y una mujer conversando. Y eso era exactamente lo que la coreógrafa ofreció en Lingua. Lo que también gritaba Sinatra, con aquel “primer hola entre un hombre y una mujer”.

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