Katia Humenyuk y Rolando Salamé: ‘Lo invisible’ – Por Marta Romero Diego

Hacer visible lo invisible
Título: Lo invisible
Compañía: No Bautizados
Creación e interpretación: Katia Humenyuk y Rolando Salamé
Iluminación: Fernando Martínez de Careaga Gómez

El pasado viernes, 13 de diciembre, el Centro Conde Duque acogió la final del Certamen Coreográfico de Madrid organizado por Paso a 2. Seis compañías finalistas, de las diez seleccionadas, presentaron sus trabajos ante una sala expectante repleta de profesionales y amantes de la danza. La compañía No Bautizados llevó a escena ‘Lo invisible’, una pieza de danza y teatro físico creada e interpretada por Katia Humenyuk y Rolando Salamé.
No Bautizados habla del viaje individual, o en pareja, que todas las personas, de forma más o menos consciente, realizan en busca de sí mismas a lo largo de la vida. Katia y Rolando son muy buenos bailarines con una gran escucha y complicidad entre ellos. Demostraron valentía al intentar entrar en el territorio de la identidad, de lo que somos, de lo que fuimos y del espejo que nos devuelve el otro. Una línea de investigación apasionante que ofrece infinidad de narrativas e interpretaciones y que interpela a cualquier espectador. La dificultad reside en que dicho tema obliga a su vez a los intérpretes a poner sobre la mesa, en este caso sobre el linóleo, algo invisible a primera vista: quiénes son ellos. Exponerse, mostrar la oscuridad propia o sostener la incertidumbre serían cuestiones esenciales a la hora de narrar el encuentro consigo mismos, y, aunque a medida que se acercaba el final de la pieza los intérpretes se iban descubriendo un poco más, nos quedamos sin saber realmente quiénes eran Katia y Rolando.
No Bautizados estuvo presente en la última edición del Festival de Danza Contemporánea en la Calle ‘Cuerpo Romo’; en el texto de presentación de la pieza los creadores explican que “Lo invisible es un intento de transmitir sensaciones vitales de algunos momentos determinantes de su vida y darles veracidad y significado en escena como si contaran los desvaríos de un sueño, indescifrable en su forma, pero que contiene su esencia sútil”.
Ciertamente en las formas y la puesta en escena hay connotaciones oníricas y sutileza, que se intercala con momentos más dramáticos y violentos. Sin embargo, la dramaturgia adolece de cierta fragilidad y el mensaje no
siempre resulta tan claro como se pretende. El espectador en ocasiones se pierde intentando unir los puntos y reconstruyendo la historia a través de las músicas dispares. La iluminación, a cargo de Fernando Martínez de Careaga Gómez, contribuye a dar claridad a la historia y consigue promover en algunas escenas un universo frío en el que los dos protagonistas existen y se relacionan. Sin embargo, el contacto físico prácticamente constante entre los dos bailarines invade toda la obra y no ayuda a entrar en ese universo, a sentir el frío en la piel propia, a hacer quizás más visible lo invisible.

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