Alexa Moya y Júlia Godino: ‘Picnic on the moon’ – Por Margarita Reyna Cano

Lo estático también se mueve y conmueve
Título: Picnic on the moon
Coreógrafas e intérpretes: Alexa Moya y Júlia Godino.
Música: Édith Piaf
Picnic on the moon es el título de esta pieza creada e interpretada por Júlia Godino y Alexa Moya. Fue presentada en el Centro Cultural Conde Duque, que ha sido este año el anfitrión de la 33º edición del Certamen Coreográfico de Madrid, donde desde el día 11 hasta el 15 de diciembre,
pudimos disfrutar de multitud de propuestas diferente e innovadoras, en cuánto a lenguaje y movimiento contemporáneo se refiere. Entre ellas encontramos ésta, que alcanzó la fase final del Certamen, el viernes 13 de diciembre, de la mano de dos jóvenes coreógrafas que trabajan en dúo
en la Compañía Llego Tarde Creaciones. Con un dominio del trabajo de suelo bien definido y complejo, se mimetizan ambas intérpretes, que además, comparten una trayectoria común, primeroen el Institut del Teatre de Barcelona, y posteriormente en el Real Conservatorio de Amberes, Bélgica.
Picnic on the moon propone un ambiente idílico e inocente bastante elocuente, pero al mismo tiempo ligeramente inquietante a medida que la obra va adquiriendo ritmo. La imagen inicial es tierna y acogedora: las dos bailarinas están tumbadas en el suelo sobre un mantel con utensilios
como una botella y un cesto de manzanas. Los colores del attrezo combinan armónicamemte con los tonos pastel del vestuario. La obra evoluciona acompañada de la icónica música de Édith Piaf, que enternece al espectador hasta que los movimientos mecánicos, automatizados de las intérpretes
cambian lo que aparentemente era una atmósfera encantadora. Un lugar idílico en el que todo está justamente donde debe estar, o eso parece.
Todo en la escena es familiar y conocido, pero al mismo tiempo hay algo en el aire que es ajeno a toda esta naturaleza, algo que no acaba de encajar: los movimientos y gestos robotizados. El contraste que se crea es cuánto menos interesante para el espectador. Los elementos escenográficos comentados anteriormente son sencillos pero fundamentales, forman parte de la escena y apoyan la dramaturgia de la obra de manera muy contundente. Sin embargo, es evidente que un espacio de representación de menores dimensiones favorecería la obra en términos generales, así como una iluminación menos geometrizada y delimitante. Jugaría en favor de la obra que fuese llevada a cabo en un formato más alejado de lo que viene siendo el escenario convencional. El site specific, apoyaría la pieza positivamente, la relación que se puede establecer con el que mira en un contexto
de este tipo, podría llegar a ser muy sugerente.
En definitiva, la obra está bastante cerrada dramatúrgicamente hablando, evoluciona de manera precisa, dando pie al mismo tiempo a una interpretación relativamente abierta. Se podría hablar del desvanecimiento de la inocencia, de la automatización de cada gesto, de la mecanización de la rutina, o de la velocidad y repetición con la que los días se suceden de forma ordenada, pero caótica.

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